Coliseo de Roma

No, yo no he estado en Roma, aunque es una verdad a medias. Me explico. Durante nuestro crucero por el Mediterráneo a bordo del tristemente famoso Costa Concordia realizamos la parada prevista en el puerto de Civitavecchia. El puerto de esta localidad del Lazio es la entrada de los turistas que viajan por mar para visitar la capital de Italia, Roma.

Desde allí desplazarse a Roma es muy sencillo ya que sin nos dirigimos a la estación de trenes veremos que cada dos por tres pasa algún convoy hacia el destino que nos interesa. No me acuerdo del precio del billete pero comprando ida y vuelta no es caro. El tren es una buena alternativa a la excursión programada de turno, en autocar, y mucho más barato que un taxi. En el puerto abundan los conductores a la caza del turista…

Pues bien, resulta que nuestra visita a Roma coincidía con una jornada muy especial. Lo supimos días atrás cuando ya estábamos embarcados. La efeméride era La beatificación de Juan Pablo II. Sinceramente, ¡menudo rollazo!

Roma beatificacion Juan Pablo II

La fecha venía cargada: el día festivo del 1 de mayo de 2011 y la beatificación de Juan Pablo II por el Papa actual Benedicto XVI. Esta circunstancia hizo de nuestra visita a Roma un vía crucis. Si bien el tren nos dejó en la céntrica estación Roma Termini (Piazza del Cinquecento) sin novedad, luego todo fueron inconvenientes. No grandes tragedias pero si molestias del tipo estaciones de metro anuladas por seguridad, grandes aglomeraciones, calles imposibles de transitar, helicópteros volando por encima de nuestras cabezas todo el rato y sirenas abriendo paso a coches de diplomáticos circulando a toda pastilla. ¡La que se arma con el turismo religioso!

Roma - Españoles en la beatificacion de Juan Pablo II

Visitar Roma en unas horas es imposible. Lo sabíamos y nuestro plan consistió en ver el Coliseo, la Fontana de Trevi y andar por el centro sin rumbo fijo. Lo conseguimos, un poco agobiados por la marea humana y las circunstancias especiales del día. Pese a todo Roma nos encantó y seguro que volveremos en una futura ocasión para una visita más pausada y sin tantas celebraciones multitudinarias.

Así pues, puedo (casi) afirmar que no he estado en Roma. ¡Arrivederci Roma!

 

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